RÉGIMEN ECONÓMICO DE LA PAREJA DE HECHO

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Con la nueva sociedad, son ya muchas las parejas que deciden comenzar su vida en común sin haber pasado antes por el altar o por el correspondiente juzgado, nos encontramos cada vez más, con las parejas denominadas “extramatrimoniales o de hecho´´, siendo numerosas las ocasiones, en las que en sede de nuestros tribunales se viene discutiendo hasta qué punto existe analogía entre el clásico matrimonio y la actual y moderna “pareja de hecho´´.

En este sentido la Corte de Derechos Humanos de Estrasburgo, en su decisión de fecha 10 de febrero de 2010,  niega la asimilación entre el matrimonio y la pareja de hecho, la Citada Corte establece una clara distinción entre las consecuencias jurídicas de un matrimonio de una pareja civil, en la cual dos personas deciden expresa y deliberadamente comprometerse,  a otras formas de vida en común. Matizando que más allá de la duración o del carácter solidario de la relación, el elemento determinante es la existencia de un compromiso público, que conlleva un conjunto de derechos y obligaciones de orden contractual, de manera que no puede haber analogía entre una pareja casada y un partenariado civil, y por otro lado, una pareja heterosexual u homosexual, donde los miembros han decidido vivir juntos sin devenir esposos o partenarios civiles.

Respecto a este tema nuestro Alto Tribunal, desde hace tiempo ha negado que entre el matrimonio o la pareja de hecho, exista una relación de analogía, recogiendo la idea de que las uniones “more uxorio´´, cada vez más numerosas, constituyen una realidad social, que, cuando reúnen determinados requisitos, constitución voluntaria, estabilidad, permanencia en el tiempo, con apariencia pública con comunidad de vida similar a la matrimonial, han merecido el reconocimiento como una modalidad de familia, aunque sin equivalencia con el matrimonio, por lo que no cabe trasponerle el régimen jurídico de éste.

Uno de los aspectos que no se admiten por la Jurisprudencia de la referenciada Sala, es la existencia de un régimen económico matrimonial para las parejas no casadas, salvo que se haya pactado por los convivientes una comunidad de bienes u otro sistema, tal y como se refleja en la STS de fecha 16 de Junio de 2011, sentencia que viene a negar el derecho del recurrente a obtener una parte del billete de lotería que había sido premiado y comprado por la que era su pareja. En este sentido la referenciada sentencia se apoya a su vez en la STS de fecha 31 de octubre de 1996, sentencia que admitió a diferencia de nuestro caso que los convivientes compartieran el premio, pues en este caso si se había probado la existencia de la comunidad de bienes, dicho argumento lo acoge nuestra sentencia, en el sentido de que el recurrente no probó la correspondiente comunidad, el mismo no tenía en definitiva derecho a compartir un premio en el que en ningún sentido produjo ninguna participación, y es que para que el mismo pudiera haber participado en el reparto del billete premiado debería haber probado que hubo un pacto entre los convivientes dirigido a crear una comunidad respecto al dinero obtenido con el premio, o bien demostrar que había habido una clara intención de crear la referenciada comunidad.

Existe un rechazo que desde la jurisprudencia se proclama de la aplicación por “analogía legis´´ de las normas propias del matrimonio, entre las que se encuentran las relativas al régimen económico matrimonial; lo que no impide a que puedan éstas, y, en general, las reguladoras de la disolución de comunidades de bienes o de patrimonios comunes, ser aplicadas bien por pacto expreso, bien por la vía de la “analogía iuris´´, como mecanismo de obtención y de aplicación de los principios inspiradores del ordenamiento a partir de un conjunto de preceptos y su aplicación, al caso no regulado, cuando por “facta cocludentia´´ se evidencia la inequívoca voluntad de los convivientes de formar un patrimonio común.

Las parejas de hecho podrán pactar libremente el régimen económico al que desean someterse, para el caso de que la pareja no lleve a cabo pacto alguno, deberá tener en cuenta que no se le aplicará automáticamente ningún régimen propio del matrimonio.

Es oportuno destacar que la falta de pacto, convenio en una pareja dificultará a cada miembro de la misma probar su condición de copropietario de los bienes adquiridos durante la vida en común, ya que todo dependerá de probar la vida en común, la voluntad de la pareja de formar un único patrimonio, la adquisición en pareja del bien, etc. Sin embargo, todo cambiará si por el contrario existe un pacto, pues siendo así, todo dependerá de los acuerdos a los que llegara la pareja para gestionar su patrimonio, si la pareja por ejemplo en su día pactó el régimen de gananciales, a esta se le podrá aplicar directamente el régimen jurídico correspondiente a la sociedad de gananciales.

                                                                                                               Sara Castilllo Almagro

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