EL ORDEN DE LOS APELLIDOS

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El origen de la fijación de los apellidos empieza con la difusión del uso de la documentación legal y notarial a partir de la Edad Media. Los notarios y escribanos medievales empezaron a tomar la costumbre de hacer constar junto al nombre de pila de los interesados, el nombre de su padre, su apodo o sobrenombre, profesión, titulo o procedencia.

En un principio solo hallamos documentados los casos de cargos eclesiásticos, o de personajes de la alta sociedad. Posteriormente el uso de documentos notariales o parroquiales se extiende al resto de la población, lo que terminara reforzando el uso de un distintivo, que añadido al nombre de pila acabara por convertirse en lo que hoy es el apellido hereditario.

Es probable que el uso del apellido empezara a extenderse a partir de los siglos XI o XII, cuando el empobrecimiento de la onomástica, hizo preciso el uso de un segundo nombre.

En los reinos de Navarra, León y Castilla, empezó a ser costumbre añadir al nombre del hijo, el del padre, mas el sufijo –ez, que venia a significar “hijo de”, comenzando de esta forma, el uso de los apellidos denominados patronímicos. También comenzó a usarse el nombre del padre en su forma regular, a veces anteponiendo la preposición “de”, a fin de marcar filiación, aunque también se usaba el lugar de origen, residencia del individuo, oficio, cargo, apodo, etc…todo ello para identificar a la persona y a la familia a la que el mismo pertenecía.

            En el siglo XV, ya se hallan más o menos consolidados los apellidos hereditarios, gracias a la obligatoriedad por iniciativa de Cisneros, de hacer constar en los libros parroquiales, los nacimientos y las defunciones.

            La norma actual del apellido paterno hereditario, no se fija definitivamente hasta el siglo XIX, en el que la burocracia estatal, empieza a hacer obligatorias las leyes onomásticas.

 En 1.870, surge en España el Registro Civil, que es donde se reglamenta el uso y carácter hereditario del apellido paterno y donde queda fijada la grafia del apellido.

Hasta el 8 de Junio de 1.957, no se promulga una nueva Ley del Registro Civil, aprobándose posteriormente su Reglamento, mediante Decreto de fecha 14 de Noviembre de 1.958. Con posterioridad a esta fecha, mas justamente en el año 1.977, se modificó algún artículo de la Ley del Registro Civil y en 1.981, se intento reformar algunas disposiciones relativas a la misma materia, pero no es hasta la Ley 40/99 de 5 de noviembre, cuando se realiza una nueva redacción con respecto a la cuestión relativa a los nombres y apellidos y al orden de los mismos, reflejándose en su artículo primero la modificación del artículo 109 del Código Civil, en donde por primera vez se da la posibilidad a los progenitores de escoger el orden de los apellidos del recién nacido, eliminando de esta forma la prevalencia del apellido paterno sobre el materno, si bien se establece, que a falta de acuerdo de los mismos, se regirá lo establecido en la Ley, por lo que se determinara el apellido paterno como el primero con respecto al de la madre. El orden de los apellidos deberá ser decidido antes de la inscripción registral, debiendo de mantenerse el mismo para los sucesivos hermanos de dicho vinculo.

            Por primera vez también, se introduce la posibilidad de que el hijo al alcanzar la mayoría de edad, pueda alterar también el orden de sus apellidos.

 

Pues bien, nuevamente nos encontramos con que esta cuestión se encuentra de actualidad, todo ello motivado por el Anteproyecto de Ley del Registro Civil, presentado por el titular del Ministerio de Justicia al Consejo de Ministros el pasado 8 de enero de 2.010 y publicado como Proyecto de Ley en el B.O.E, el 8 de septiembre de 2.010, el cual implica no una reforma de la anterior Ley del Registro Civil, sino una autentica Ley nueva que deroga a la anterior de 1.957, así como los artículos 325 a 332 del Código Civil.

Presentadas ya 186 enmiendas, algunas  de ellas, han provocado una gran polémica, como por ejemplo la realizada por el Partido Socialista, según la cual en caso de desacuerdo a la hora de inscribir a un recién nacido el criterio a aplicar era el del orden alfabético. El PSOE, justificaba esta propuesta por razones de igualdad, puesto que en este momento, ante la falta de acuerdo por parte de los progenitores del menor, tiene prioridad el establecimiento del apellido del padre antes que el de la madre y según dichos diputados, se busco en el orden alfabético un argumento objetivo para dirimir la disputa.

Ante el gran revuelo originado por la misma, sobre todo, porque según este sistema apellidos que comenzaran por la letra z, llegarían a desaparecer, el Partido Socialista procedió a rectificar la misma, buscando posteriormente un acuerdo  con el resto de los grupos parlamentarios.

El Partido Popular, determina que el primer apellido que debe de prevalecer ante la falta de acuerdo de los progenitores, sea el del padre, todo ello por tradición y consolidación de las bases familiares, y si no habría de tener prioridad el menos frecuente.

La enmienda sobre una propuesta de CIU, fue apoyada por la mayoría de los grupos y pretendía que la determinación del orden de los apellidos se hiciera por sorteo o de forma aleatoria.

 

El texto que ha sido aprobado, asegura que en caso de desacuerdo o cuando no se hayan hecho constar los apellidos, en la solicitud de inscripción, el encargado del Registro Civil, requerirá a los progenitores o a quienes ostenten la representación legal del menor, para que en el plazo máximo de tres días, comuniquen el orden de apellidos. Transcurrido dicho plazo sin comunicación expresa, el encargado acordara el orden de los apellidos, “atendiendo al interés superior del menor”.

            El funcionario decide libremente, esta determinación ha sido muy criticada, dado que se opina que el mismo, puede aplicar su posición ideológica o hacer primar el apellido paterno o el materno, a la hora de establecer el orden y todo ello siempre bajo su voluntad, sin un criterio establecido que le obligue a seguir un protocolo.

Los funcionarios empleados en el Registro Civil, no desean dicha responsabilidad, solicitando la posibilidad de que si dicha norma prospera, sea la Administración o el Magistrado encargado del Registro, quienes establezcan unas pautas a seguir.

Algunos sectores consideran “ridículo”, que sea una tercera persona quien imponga el orden de los apellidos de un menor, pues entienden que si los padres no se ponen de acuerdo, habrá de ser un órgano judicial quien lo determine y no el funcionario del Órgano registral.

Asociaciones de Mujeres Juristas, han considerado que no se puede utilizar la misma medida para todos los supuestos y que se ha de estudiar caso por caso, no debiéndose utilizar un criterio tan subjetivo como la arbitrariedad del funcionario, debiendo de existir unas garantías procesales, como la celebración de una vista en donde cada progenitor pueda fundamentar su postura con las alegaciones pertinentes, debiendo de existir una regla fija legal establecida para el caso de discrepancia.

Se ha considerado, que si realmente se llega a determinar la decisión del funcionario a la hora de establecer el orden de los apellidos, estos se han de basar en algunos criterios, como por ejemplo: que no se perjudique a un apellido poco frecuente, que la combinación de los nombres no tenga un tono hiriente, que no produzca un efecto no deseado, etc…

ERC, propuso un texto alternativo que mantendrá en el Senado, según el cual en caso de desacuerdo, o cuando no se hayan hecho constar los apellidos en la solicitud de inscripción, el encargado del Registro Civil, determinara el orden de los apellidos por un procedimiento de azar.

El PNV, consideraba que el funcionario debe de escoger como primer apellido, el menos frecuente, el que tenga mas posibilidades de desaparecer, y ello consultando las bases del Instituto Nacional de Estadistica.

IU, ICU y Coalición Canaria, mantendrían el criterio de que ante la falta de acuerdo, de debía de imponer un criterio de azar.

Dichas novedades, intentan adaptarse a la situación social que vivimos en la actualidad, buscando las mismas la finalidad de suprimir la primacía o preferencia del apellido paterno sobre el materno en caso de desacuerdo de los padres del menor y la diferencia de trato entre hijos matrimoniales y no matrimoniales. Esta modificación se incluye, tal y como así hemos mencionado anteriormente, en el Proyecto de Ley del Registro Civil, que ha sido aprobada en la Comisión de Justicia, si bien el texto pasara a la Cámara Alta, la última votación tuvo la unanimidad de todos los grupos.

            Esta norma solo afectaría a niños españoles, pues los hijos de extranjeros nacidos en España, se inscribirían según las normas de su país de origen.

Haciendo un repaso fuera de nuestro país, podemos comprobar como en Francia, se determina un solo apellido. Los padres eligen el paterno o el materno o los dos unidos, pero en la mayoría de los casos la mujer pierde su apellido al casarse.

En Italia, también  se establece un solo apellido, y normalmente predomina el del padre. Desde hace mas o menos un año, la madre pude hacer prevalecer el suyo, pero  dichos tramites tardan más de un año. Si la madre es soltera, el recién nacido si lleva el apellido de esta.

En Alemania, la tradición hace que se escoja un solo apellido por familia y que ambos miembros de la pareja decidan cual es.

En Portugal se establece primero el apellido de la madre y luego el del padre, si bien este orden es algo ficticio, pues en los documentos oficiales prima el apellido paterno.

En EE.UU, la mujer pierde su apellido al casarse y en Rusia se utiliza un solo apellido, cediendo normalmente la mujer el suyo para que prevalezca el del hombre.

En Japón se usa un único apellido y la mujer al casarse utiliza el del marido, por lo que los hijos también usan únicamente el del padre.

Otra enmienda aceptada, permite el cambio de apellidos para los hijos y nietos de las mujeres víctimas de la violencia de género. El Proyecto de Ley aprobado por el Gobierno, facilitaba ese cambio de apellido para las víctimas directas de esos delitos, pero los grupos aceptaron una enmienda de ERC, según la cual esa posibilidad se extiende también a los descendientes de ellas.

El texto aprobado asegura que cuando se trate de víctima de violencia de género, o de sus descendientes que vivan o hayan vivido en hogares, en los que se haya producido tal situación, así como en aquellos supuestos en los que la urgencia de la situación o las circunstancias excepcionales lo requieran, podrá autorizarse el cambio de apellidos por orden del Ministerio de Justicia en los términos fijados reglamentariamente.

En este momento la Ley está pendiente de ratificación en el Senado.

                                                                                                                                    Mar Peña

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